Apostando en el circo de Mérida II. Puente Romano

El rió estaba teñido de sangre y había restos de pelea en su paso superior. Mi amigo Cayo flotaba inerte a merced de las olas en el amanecer de un día nublado. La ronda nocturna de la legión no había escuchado nada, en una zona muy vigilada por su alto valor estratégico.

Se escuchaban muchas habladurías sobre la causa de su muerte. Venganza de algún familiar que había fallecido por sus malas prácticas como galeno. El asalto de ladrones nocturnos. Un accidente fortuito.

Su familia decía que no salía de noche y que solía estar en casa estudiando o tratando a algún enfermo. Para ellos, quizás salió a algún servicio urgente y a la vuelta fue asaltado.

La noche es peligrosa en una ciudad con muchos placeres y poca vigilancia. La legión no escucha nada, salvo que considere que hay un Patricio en apuros. Y él lo era.

*       *                *                                        *                                                       *                *           *

Yo estaba en el circo cuando me enteré de la noticia. Según lo pactado con Julio y su hija Tercia, me pasé a ver que caballos tenían y como de aptos eran los carros. En principio los caballos eran jóvenes y fuertes. Los carros, los típicos romanos tenían un eje muy pesado reforzado con bronce y eso los hacia difíciles de maniobrar en las curvas. Estaban diseñados para golpear al enemigo, y no para volar. Los aurigas, eran un dilema. La mayoría esclavos obligados a correr, con el miedo como acompañante. Normal, estas carreras son muy accidentadas y muchos acaban lisiados o en el columbario.

Dejé correr a un auriga sólo una vuelta y le ordené parar. Recorrí a pié los surcos sobre la arena que habían marcado las ruedas y los cascos de lo equinos. Descubrí que los caballos corrían molestándose unos a otros y las curvas se trazaban por obligación, sin fluidez. Tampoco seguían la caída natural del agua.

Coloqué al caballo mas lento en el interior de las curvas, a los mas rápidos en el centro y al mas fuerte en el exterior del carro. Les mostré el forraje y me subí al carro. Los dejé correr sin llevar los estribos y cuando dieron su primera vuelta completa, les di el forraje y los dejé beber.

Luego me bajé y los hice correr sin auriga hasta que completaron una vuelta, ayudándome de los esclavos en las curvas, para espantarlos hacía la dirección deseada.

Poco a poco, empezaban a correr casi solos. Regidos por sus fuerzas.

Poncio, el jefe de la facción roja estaba molesto: – Casio, así van a perder el furor. Fustígalos con el látigo y utiliza las bridas para frenar en las curvas. Tenía orden de dejarme probar mis técnicas y andaba mascullando en el foso.

Se cuadraron los esclavos y entró Julio, y su hija acompañada por su esclava favorita. Serios y solemnes, con aires de grandeza.

Entonces, me enteré de la trágica noticia. También el centurión de la legión se asomaba por la puerta.

-Centurión: Casio anoche te vieron con Cayo, sabes hasta cuando estuviste con él.

Pensé algo malo ha pasado. -Sí, nos despedimos en el puente al atardecer, cuando partí al campo.

-Centurión: también te vieron de noche con Cayo y ahora está muerto. Muy de noche nos han dicho varios testigos. Dicen que peleabais por unos sestercios de las apuestas.

-Miré a la familia Salvius y me confirmaron la noticia de malos modos. Las miradas eran penetrantes, captando cualquier gesto delator. Julio, estaba sereno y abstraído. Tercia, intentaba no llorar y contenía su ira. Parecía que no se creía lo que estaba pasando.

Solo Dafne me miraba con compasión en sus ojos. Susurraba en griego un poema. Fue la única que no apartó su mirada de la mía cuando busqué comprensión. Mostraba una fuerza sutil.

Centurión: Soldados arresten a esta hombre y que se inicie el juicio.

 

 

DATOS DEL PUENTE :El puente Romano de Mérida, fue construido en el S.I por Cesar Augusto, aprovechando una pequeña isleta. Con sus 792 metros de longitud lo hacen el segundo puente romano más largo del mundo. Consta de 60 arcos. Los diez primeros arcos nos dan fe de cómo era el puente. Es donde se puede apreciar la construcción original romana, al igual que en los 24 últimos arcos. La parte que más ha sufrido, tanto crecidas del río como por destrucciones ha sido la parte central que corresponde con los 26 arcos.
Las restauraciones datan de época visigoda, árabe y de los siglos XVII y XIX.
El puente romano era la entrada a la ciudad. Parte del puente fue volado en diferentes guerras. El último que ordenó su voladura fue el general Wellington
Evitando así la entrada de las tropas de napoleón.

Fuentes: http://colonia-augusta-emerita.blogspot.com.es

Puente Romano de Mérida

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