Apostando en el circo de Mérida V. El acueducto de los milagros.

Hacia un día magnífico, soleado y luminoso sin borrascas. La familia Salvius y su prometido Claudio estaban paseando por el acueducto de Emérita Augusta. Invertir dinero en obra pública era una manera de entrar en el círculo de poder del imperio, y optar a mejores contratos de construcción.

El acueducto tenía una longitud de 10 Km y tenía un alto coste de mantenimiento para la ciudad. El pantano de Proserpina necesitaba mejoras en sus contrafuertes, pero era el ninfeo lo que mas interesaba a Julio. El acueducto finalizaba al entrar en la ciudad por el punto más alto del cerro del Calvario, donde había intramuros un ninfeo como final monumental. Tradicionalmente denominado castellum aquae, era una cisterna abobedada con planta en U construida con sillares de granito y opus caementicium. Desde la cual se repartía el agua a la ciudad. Pretendía decorarlo con mármoles, frescos de ninfas y deidades fluviales, inspirándose en el de Pompeya.

Esto daría fama en la ciudad a la familia Salvius y le aportaría una buena relación con el Emperador.

El acueducto discurre desde el pantano de Proserpina hasta el casco Antiguo de la Ciudad, atravesando la depresión del río Albarregas en la ciudad de Mérida. La conducción consta de 10 km de longitud. La primera parte es subterránea con una galería de mampostería abovedada y la segunda parte está dividida en 3 sectores. Las pilas son de planta rectangular y su fábrica es de sillares y ladrillos.Su función era transportar agua al Oeste de la Ciudad. Acueducto de los milagros

– Tercia, estaba contando los días para la llegada de su prima Silvia. Desde la muerte de su hermano en la legión y ahora de Cayo, era prácticamente la última amiga de la infancia con la que mantenía una buena relación. Silvia, casada con una general de la legión, vendría con su séquito para el banquete de la boda de Casandra, como así llamaban a Tercia en su núcleo familiar. Ella le contaba historias de como andaba Roma y todos los pormenores y comentarios de la nobleza del imperio.

Unos metros por detrás de Casandra y Dafne, que andaban con su madre con los preparativos del banquete, Julio y Claudio discutían sobre Casio.

Julio, – sería buena ocasión para que Casio compitiera en el circo y los caballos de la legión demostraran su valía. Seria una victoria moral. ¡¡Por Roma¡¡

Claudio: es buena idea, Julio. Que mejor que ganarle a Casio ante sus amigos y demostrar que el poder del imperio y sobre todo su grandeza magnánima es justa con sus súbditos. Además, si eso alegra a Tercia…mejor que mejor, anda algo distante conmigo.

Julio; si ese Casio era muy amigo de Cayo y aunque no es más que un campesino Tercia lo tiene en estima. Cayo le contaba muchas historias que le pasaban a Casio.

¡¡Como¡¡ dijo Claudio: que puede tener de interesante ese hombre, un criador de caballos que vive en el campo.

Julio: ya sabes cosas de gente joven. Que si conoce las técnicas de guerra de sus antepasados; que si acompaña a su tío a comprar galum al Portus Ilicitanus y las correrías del camino; que si se aprende las citas de los clásicos romanos…jeje sin ningún sentido; que si practica la religión de los dolmenes. Dice que podía estar cabalgando dos días sin comer y dormir, jaja.

Claudio, jaja, mas le vale que sepa todo eso, porque amigo Julio. De esas carreras, pocos salen vivos. Y es un problema encontrar a esclavos o libertos que corran sin miedo.

Claudio cogió por los hombros a Julio con un brazo y le dijo, voy a adelantarme y a decírselo a Tercia.

Claudio le contó el plan a Tercia y a esta le pareció una buena idea. Era la salida más plausible para Casio y a ella le pareció una victoria propia. Aunque no lo decía, pensaba que culpar a Casio, era la manera más fácil de tapar al verdadero criminal y esto le preocupaba, ¿quien mato a su amigo y porqué? pensaba continuamente. Si fuera Casio, prefería tenerlo cerca, de ser así algún día lo descubriría.

Claudio: – así Tercia te recomiendo que apuestes por mis caballos. Voy a traer un auriga de la legión que es lo mejorcito que puedas imaginar. Es un as de las carreras, en las maniobras que hacemos en el ejército, gana con mucha facilidad. Y los caballos, pura sangre, todos.

Tercia: ¡¡vaya si que tenéis buenos caballos en el ejército¡¡ Sabes, cuando llegue Silvia, lo hablaré con ella. Sabe mucho de apuestas y me fío de sus consejos, dijo ufana y divertida.

Claudio, no te juegues el dinero tontamente, apuesta por los míos. Seguro que en verlos, te convences a la primera -dijo con aires engreídos- Y una cosa, no me gusta como me mira tu esclava.

Tercia: te tiene miedo. Ella estaba muy confiada conmigo. Le diré que no se te acerque. Si así lo deseas.

Claudio, respondió. Eso mismo, no me mira con miedo. Es algo desafiante.

Llamaron  a Dafne y le preguntaron, ¿quiénes son tus señores?

Dafne dijo: mi señora es Tercia. Como dijo Cicerón; ´´para ser libres hay que ser esclavos de la ley´´

 

Acueductos en Mérida

El agua en Augusta Emérita

 

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