Apostando en el circo de Mérida VIII. La carrera de los hombres.

El sol anunciaba su ocaso cuando el soldado llamó a Casio en su celda. Le dijo que se levantara al amanecer porque llegarían los esclavos de Cayo Pater, y se tendría que ir con ellos. Así lo habian decidido en el juicio. Había una costumbre en Roma, que permitía a los Patricios tener una celda en su domus donde encerraban a sus deudores, hasta el pago de la misma.

Para Casio era un alivio no ir a galeras, allí había muy pocas posibilidades de sobrevivir. Se remaba constantemente hasta fallecer y si el barco se hundía en el combate, los remeros encadenados a al casco, se iban con Neptuno.

Sin embargo, tener que ver a la familia de su amigo fallecido, le suponía un dolor en el pecho. Si creían que él tenía parte de culpa, le dolería mucho ver a sus hermanos y padres. Aunque salir de aquella celda, era lo prioritario. Humedad, frío y mala comida eran sus acompañantes. Casio seguía con sus rituales esotéricos. Así conseguía hacer frente a la inmundicia que lo rodeaba.

A esas horas llegaba el galum que Claudio regalaba a la familia para su banquete de pedida de mano. Tenía cierto miedo de Tercia, no parecía ser tan sumisa como él esperaba y aunque no quería imponer su fuerza a través del pacto con su padre Julio, quería homenajearla con buenos presentes y bonitas palabras. Para convencerla.

El transportista detuvo la carreta en la puerta  y el capataz de la familia llamó a los esclavos para llevarlos a recoger las vasijas y depositarlas en el almacén. Dafne, la única esclava llamada por su nombre, a los demás se les denominaba esclavos, o por su oficio. Se acercó a supervisar la operación. Era la esclava preferida de Tercia, su tutora de clases de griego y filosofía, arte y religiones. El soldado de confianza de Claudio, le preguntó por su precio. Dafne no contestó, lo que  suponía una ofensa. El soldado bajó la mirada y cargó con un ánfora el mismo, la dejó con cuidado entre las otras. Miró a Dafne y le dijo: esclava, ya te llegará tu turno.

Cuando se fueron, Dafne volvió al almacén y vio que el ánfora tenía un dibujo con tiza. Era un caballo. Puso su mano sobre la cerámica y tras un tiempo probó la esencia y supo que no era galum. Extrañada, volvió a la casa..pensativa…inquieta…disimulando…

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Había llegado el día de la carrera y Silvia aconsejaba a Tercia sobre las apuestas. Debes repartir el dinero entre varias cuadrigas, para compensar pérdidas. Le dijo a cuales apostaría ella, al oído. Tercia algo impulsiva quería que ganaran sus caballos, pensaba ganar o perder a lo grande. Había intentado hablar con Casio antes, pero le fue imposible. Lo vio salir a lo lejos y estaba mas delgado y desmejorado, tragó saliva y apretó una piedra que llevaba en su mano.

Claudio: familia Salvius, siento competir contra vosotros, ya se que patrocinais una cuadriga. apostad por la mía y ganaréis muchos sestercios…jaja

Silvia: no parecen caballos de carrera, son muy robustos y pesados. No lo veo claro Claudio, jeje…apostaré por los de mi prima. Quizás algo a los tuyos..

Tercia quería ganar y aumentar su dote. La dote en Roma, le aportaba equilibrio al matrimonio. En caso de divorcio había que devolversela a la novia. Se lo había explicado bien su prima y lo sabía mejor aún por su madre.

El boato de festejos anunciaba la carrera y las facciones de colores, realizaban el desfile de presentación. Tercia Casandra sintió que le faltaba el aire, se estaba mareando. Le vino a la memoria el día que Cayo apostó por Dafne. Ahora estaba muerto y con aquel hombre que no deseaba como prometido. Casio estaba allí porque Cayo confiaba mucho en él y ella aún no había asimilado su muerte. A ratos lo creía vivo y cuando reconocia su ausencia eterna, se rompia su alma.  Casio no era un autentico romano y a Casandra le parecía un tipo difícil, un campesino con extrañas costumbres. Apenas se hablaba con él. No sabía porque confiaba en que iba a ganar. Quizás por lo que le dijo Dafne sobre el concepto de amistad en Aristóteles: La amistad es un alma que habita en dos cuerpos; un corazón que habita en dos almas.

Se dió la orden de salida y en la primera recta dos cuadrigas se chocaron y eliminaron mutuamente. Casio iba rezagado, sabía que estas carreras se ganan en las últimas vueltas. Y hay muchas caídas por prisa al inicio. Casio no quería ganar, sólo salir vivo.

Sobre la cuarta vuelta de siete totales, los caballos de Claudio iban junto a la cuadriga verde. Casio varios metros detrás, perdía fuelle. No estaba arriesgando, estaba temeroso pero sus caballos parecían correr solos.

-Claudio: como confias vuestros caballos a un cobarde, no veis como va frenando. Por Júpiter, que poco honor.

-Silvia, le dijo a Casandra: puede ganar. Sin forzar sus caballos está relativamente cerca. Sabe más de lo que parece. He visto muchas carreras en Efeso.

-Tercia: Silvia aprieta mi mano, llevo la piedra de la victoria. (por dentro se sentía la chica más tonta de Mérida…arena, laurel)

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A falta de dos vueltas, los caballos de Claudio y Pio de verde, iban muy reñidos. Pio empezaba a ceder terreno y Casio sabía que entre ellos no había distancia para que chocaran y se eliminarán casualmente. Atacaría su flanco derecho y al llegar a la curva se lo jugaría a pasar por dentro, dando por echo que Lupulus, mercenario de Claudio taparía la pasada mas común, por fuera. Para ello iría a tope y frenaría cerca de la curva, así Lupulus al observar tanta velocidad se habría por defecto y le dejaría el pasillo interior.

Se acerca la penúltima curva y Casio realizó su jugada. En el paso por curva sólo se veía polvo, un montón de caballos agrupados y se oían los chillidos de los aficionados…fue a la salida cuando Tercia se levantó al ver que sus caballos tomaban ventaja. Silvia le dijo que se sentara, que tapaba a las filas de atrás…¡¡Diosa Isis, dame esta victoria¡¡ y te daré mi sangre

La cuadriga de los Salvius llegó con cierta ventaja a la ultima curva y Casio demostró su especialidad. Un paso de curva natural, como si fuera por la corriente de un río arrastrado por la corriente.

La familia Salvius se levantó victoriosa. Abrazados y muy contentos por ver sonreír a Casandra, una alegría tras muchos sinsabores y noches sin dormir, con infusiones de hierbas y ofrendas a los dioses. Tercia tenía sangre en su mano, había apretado demasiado la piedra que utilizaba como talismán. Un cuarzo ahumado. Cuando se giró para ver a Claudio, este se había marchado, sin decir nada. Dafne se acercó y le dijo señora felicidades, por dios está sangrando su mano. Casandra abrazó a Dafne y rompió el protocolo. También se unió Silvia y las tres gritaban ¡¡Victoria¡¡ ¡¡Victoria¡¡ Esta vez eran lágrimas de alegría…de esperanza…de felicidad…

Los pocos que apostaron por los Salvius, habían ganado mucho dinero. Con caballos de la legión en la arena, poco bueno se podía aventurar para los otros participantes.

Muchos emeritenses vieron esa victoria, como la del pueblo sobre los aristócratas. Y Casio salió aplaudido por la masa. Fuera un artesano oportunista, agotaba las lucernas de barro con su nombre.

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