Apostando en el circo de Mérida X. El rio cósmico.

Tercia Casandra aún esperaba la felicitación de Claudio por su victoria en la carrera de cuadrigas. Empezaba a parecerle un hombre cobarde, dificil, con poco honor. Sólo actuaba con fuerza cuándo se sabía vencedor. Si perdia, desaparecía. Dudaba de sus palabras y promesas. Con estas ideas habló con su madre Lucrecia, para que le dijera a su padre que no pensaba casarse con él.

Su madre no quería que Tercia, ya su única hija tuviera un matrimonio desafortunado. Su hijo mayor militar muerto en el frente del Danubio, sus dos hijas gemelas, Prima Julia Y Segunda Julia, muertas a los 3 años por enfermedad, dejaban a tercia Casandra como su verdadera heredera. A ella la llamó Tercia Casandra por cambiar la mala suerte de la familia. No había sido educada para obedecer a un hombre sumisamente, como esperaba Claudio. Ella también dudaba de Claudio y pensaba que era un impostor. Esos contratos de obra pública que decía tener con amigos cercanos al emperador, creía que eran pura fábula. De hecho, estaba esperando a que Silvia recibiera una carta de Roma con detalles sobre los contratos y los contactos de Claudio. De momento no le diría nada a su joven hija, sólo tenía que ir ganando tiempo….

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La noche del uno de agosto era muy calurosa y tan despejada de nubes que la vía láctea parecía al alcance de la mano. Casio estaba en su aldea para celebrar la Lúnasa (marca el comienzo de la época de la cosecha, la maduración de las primeras frutas, y tradicionalmente era un tiempo de reunión de la comunidad, de ferias, carreras de caballos y reuniones con familiares y amistades distantes.)

Caminaba a la casa del chamán, cuando se encontró con unas amigas y amigos. Eran de otras aldeas y casas de campo que habían venido a la fiesta.

Hola Casio o Caciro: – esta noche iremos al río a bañarnos cuando acabe la danza del fuego…no se lo digas a nadie más…a los ancianos no le gusta que vayamos…

Casio, ya veremos hace tiempo que no estoy en la aldea y quiero ver a viejas amistades…¿porque no vamos otro día?

Nisunin: tengo una amiga que presentarte. Está un poco aburrida y le he contado donde tú me llevabas las noches de agosto, jijiji…¡¡venga¡¡ que hace tiempo que no nos vemos…

Casio: tenga que hablar con el chamán y luego ver a mi familia. En la danza hablamos…

En la casa del Chamán Casio le dio las gracias a sus Dioses por haber salido vivo de la fúria romana. Eso que llamaban civilización, no era más que una cortina de humo con bonitas palabras y ostentación que ocultaba el dominio a hierro sobre los pueblos conquistados.

El Chaman le presentó a la Sacerdotisa del Bosque, Zirati. Ella le preguntó sobre su camino en la vida, luego le tomó las manos y le cerró los ojos mientras quemaba hierbas del bosque. Zirati, como Sacerdotisa Suprema sólo oficiaba el culto con la élite política y militar local. Casio se sorprendió al verla.

Zirati notaba como Casio captaba su energía, las manos le quemaban y sentía que él podía leer su mente. Su capacidad de visión era grande.

Zirati:- bien Casio, la Gran Madre te ha ayudado, has vencido en la carrera y en el juicio. Pero te has equivocado gravemente con alguien ¿sabes quien es?

Casio: si con Nisunin. Le he dicho que iría esta noche con ella y no iré.

Zirati: no es Nisunin, eso aún no ha sucedido. Es una Romana, conocida desde la infancia. La has acusado de algo que no ha hecho. De algo grave.

Casio: claro de Tercia Casandra, vi lo que hizo con su amigo Cayo. Lo enamoró y luego lo enfrentó con su prometido. Es muy peligrosa…

Zirati: te equivocas Casio, ella no pretendía eso. Quería casarse con Cayo. Sólo tenía que convencer a su Padre Julio que era su amor y que rompiera el pacto con Claudio. Casi lo tenía hecho. Cayo era bien visto por su familia. ¿debes pedirle perdón?

Casio: ¡¡no creo, lo vi claramente¡¡ Tú no los conoces como yo…son romanos y traidores

Zirati: me estas desafiando, ¡¡no lo hagas más¡¡ Pídele perdon, porque si ella te lanza mal de ojo, puede hacerte daño. Es una mujer con poderes, ¿no crees? tú lo sabes también

Casio:-perdón Zirati, tu ves lo que nadie puede ver, decía irónicamente…Si voy a pedirle perdón, me metería en la cueva del oso. Su prometido me la tiene jurada. No puedo ir, haz algo por mí. Haré lo que me pidas, menos eso…

Zirati: – sólo te pido eso. Dos palabras: acepta mi perdón Tercia Casandra. No tienes que hacer nada más, así de fácil. Ni batallas, ni cacerías, ni noches de iniciación. Super fácil.

Casio: iré si proteges mi alma de la ira de Claudio y de los romanos.

Zirati: estás protegido. Desde que horastes en la celda de Mérida, la Gran Madre ha accedido a ayudarte si la batalla es justa.

Casio: Zirati, gracias por tu saber y comprensión. Sólo decirte que veo un peligro que te acecha. Alguien de la aldea está tras tu sombra. Un conjuro lo muestra fiel a ti.

Zirati: gracias por tu visión, ya sé quién es. A ella esto le preocupó, no sabía quien era. Y si tenía claro que Casio podía ver cosas, aunque las interpretaba mal. Solo disimuló ante él.

Las hogueras iluminaban la noche y Casio andaba con el vino y los familiares preguntándole por sus historias de Mérida. Él prefería hablar de los temas de la aldea y de los suyos. No entendía bien a los romanos. La fiesta de la luna de agosto

En el momento de las danzas circulares que imitaban el recorrido del sol durante el año, alrededor de unos muñecos de paja. Nisunin tomó la mano de Casio y su amiga la contigua. Al final de la noche, aceptó llevarlas a la poza del arroyo. Pensaba que de lo contrario, podía enfadar a Zirati.

Era un camino intrincado y difícil de encontrar, la noche era muy luminosa y Casio le preguntó por los demás amigos…¿no van a venir?

La poza de agua. No era más que una gran apertura de granito esférica que se comunicaba con el río a pocos metros de este, mediante un canal subterráneo. Casio se sentó a la orilla y las chicas se metieron dentro.

Chicas: ¿no te bañas, vente que hace frío?

Casio: -Mirar allí, es Sirio la estrella más brillante de la vía láctea. Es preciosa.

Nisunin: que te pasa, una romana te ha robado el corazón…que nos conocemos Casio.

Casio: sabes lista, tengo un caballo llamado Cupido con la pata herida y es uno de los mejores. Estoy pensando en correr más carreras…puedo ganar y traer dinero a la aldea

Chicas: jejeje¡¡ caballos…nosotras sabemos la cura, pero sólo puede decirse al oido, jiji

Casio miró a las chicas con ojos brillantes, como Sirio: esa cura me interesa, cuando dejeis de besaros me la contáis, no quiero que os quedeis frías… ellas seguian en sus juegos…Decidió tirarse al agua y aprender la sanación para Cupido. A pesar del calor, el agua iluminada por la luna erizaba la piel y ellos tenían que estar muy juntos. La cura incluía, susurros mágicos al oido, risas, masajes y conexión de energías…

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