Apostando en el circo de Mérida XVI. Noche de cuentos.

Se oían los pasos de la ronda nocturna de la guardia militar de Emérita Augusta. La ciudad se volvía apacible por la noche, sobre todo en los barrios del extrarradio. Donde se situaban las casas más nobles. La domus señorial de la familia Salvius situada extramuros, era de corte helenista. Estilo que lo denotaban sus tres patios interiores el atrium, el peristylum y el viridarium.

En la zona de entrada estaban las tiendas de elementos decorativos que allí se vendían en las tabernae. Objetos de hueso, madera y cerámica que recordaban pasajes históricos de roma ,así como artilugios de uso doméstico y fetiches para el mundo de los múltiples dioses que adoraban.

Casio dormía plácidamente sobre el triclinium de la sala de banquetes, lugar al que los esclavos lo habían llevado en estado de embriaguez y alucinación que el brebaje de Dafne le había producido.

Una esclava empezó a hacerle cosquillas con una pluma de codorniz para que despertara. Mientras Tercia y Silvia planeaban cómo conseguir que Casio saliera de allí sin causar molestias y mala fama al honor de la familia. Las cosas debían estar en sus sitio y aquello no parecía una buena idea. Sí Casio salía y era atrapado por la guardia de Claudio, la ciudad sospecharía de malas artes en la casa de los Salvius. Más aún cuando Casio había ganado la carrera de cuadrigas, del festival de verano.

Es hora de hablar con Casio -Dijo tercia cuando éste habría los ojos.

Hola Casio Gadiro-¿te encuentra bien? ¿qué necesitas?

-Un baño de esos baños romanos, me vendría bien. Nunca lo he probado y dicen que es muy relajante, que te depura hasta el alma.

-Mañana lo tendrás Casio. Ahora es tarde para preparar la caldera y que las esclavas se afanen con los ungüentos y aceites necesarios. – Mañana si podrá bañarte con el vapor, si ese es tu deseo.

Tercia cogió una estatuilla de Isis de madera policromada y le preguntó a Casio:

-Los hombres de mi prometido siguen esperando que salgas, que podemos decirles para que cumplan sus deseos.

Casio, recostado miró a Tercia y dijo: quién mató a Cayo es alguien que conoces bien. No creo que fueran unos bandidos.

Y tu los vistes, dijo Tercia. Yo no los ví, pero la noche que murió, en la taberna estaban los mismos hombres que me han seguido esta tarde cuando venía a tu casa. Y seguro que algo saben…siento decirte esto. Miró a Tercia que bajaba la cabeza como ya sabiendo lo que le decía.

Silvia, abrazó a su prima por los hombros y le dió un beso en la mejilla. Y Casio, ¿por qué has venido aquí, acaso no sabes que iban a seguirte?

-Claro que no lo sabía, quería pedirle perdón a Tercia.

-Creo que sabes algo más…pero tampoco es importante en estos momentos. Tenemos que idear cómo sacarte de aquí y esperar a que Claudio nos dé su versión. Ese Claudio nunca ha sido de buena madera, creo yo.

-Señora puedo hablar, dijo Dafne. -Claro habla. Se rumorea en la ciudad que hay una logia secreta del culto a Mithra que son los responsables de la muerte de tantos esclavos y también de patricios. Y de muchas cosas que están pasando en política y negocios.

-Mithra es un dios muy adorado, dijo Tercia. Con gran influencia en el estamento militar. Mi hermano lo adoraba con mucha solemnidad.

-Sí, pero se cuenta que son peligrosos y que están realizando un culto de sacrificios rituales con personas en vez de toros, para alcanzar más poder y lealtad a su dios. Es horrible señora y también cierto que se murmura en el foro y los rincones mas sórdidos de la ciudad.

Tercia se sentó en el triclinium junto a Casio y sentía que las piernas le fallaban. Un extraño cosquilleo le apretaba el vientre y le dijo a los presentes que era hora de acostarse. La guardia se doblaría esa noche y al despertar tomarían una decisión. Con suerte su Padre regresaría de la casa del médico y él tomaría la opción más correcta.

Cuando salían hacia sus habitaciones, Silvia se dió la vuelta y fue a hablar con Casio que se quedaba con un escolta en la misma sala. Parecía preocupada y con un tono de amistad le preguntó:

-¿Necesitas una esclava para pasar la noche? -Una esclava no, pero una mujer libre sí, le contestó recostado en un tono altanero. Mirando su broche plateado de abeja enredado en sus rubios cabellos.

Por eso podrían mandarte a galeras, ya sabes que soy una noble. Que insinuas…ganadero. No se puede ser agradable contigo. Dijo enfada Silvia, se dio la vuelta y se fue andando con un noble porte

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