Apostando en el circo de Mérida XVIII. Manos despiertas.

La noche se ceñía sobre la los tejados de la ciudad, se cerraban los portones de las murallas y la guardia iniciaba su ronda nocturna. Los murciélagos empezaron a volar con su errático estilo, buscando insectos que comer. En la habitación de Tercia Casandra se habían encendido unas lucernas de aceite para leer el manuscrito … Continúa leyendo Apostando en el circo de Mérida XVIII. Manos despiertas.